viernes 18 de diciembre de 2009

Notas


Acabo de ver un vídeo que me ha hecho reflexionar. Un congresista de Méjico, solicita en el Congreso que la Iglesia católica pida disculpas a la Comunidad gay, por sus declaraciones. Digo que me ha hecho pensar, porque he visto claramente mi cambio con respecto a lo que pienso de la Iglesia católica.

Ser lesbiana e hija de una persona creyente, practicante y acérrimas, es difícil. Si bien es cierto, que mi madre ha evolucionado y bastante, ha sido en ocasiones un poco duro. En mi entorno, siempre ha habido personas muy creyentes y he vivo de cerca la "vida cristiana", al principio me parecía natural y sentía que la cosa no iba mucho conmigo, pero desde muy pequeña me he preguntado el por qué de muchas cosas, eso en ocasiones me ha traído muchos problemas, pero siempre ha sido mi forma de entender el mundo.

Recuerdo una conversación que tuve con un sacerdote, siendo yo adolescente, un hombre al que yo respetaba mucho, porque era muy culto, tolerante y buen discutidor; me recuerdo a mi misma, en la puerta de la iglesia, diciéndole que no entendía por que la iglesia no permitía el divorcio, o por que los gays iba a irse todos al infierno. Su contestación fue: es así, así lo dice la Santa Madre Iglesia, y nada más, y no me valió la respuesta.

Después con el paso de los años, he visto en multitud de ocasiones la doble moral de algunos de sus miembros, después de mucha reflexión y de mucho pensar y luchar en contra lo que me han inculcado, que ha sido mucho creedme, me descubro libre o casi libre de moral católica.

Os dejo el vídeo, dura siete minutos.



Estoy de acuerdo con esta mujer.

martes 15 de diciembre de 2009

Elecciones II


Casi no podían caminar por el supermercado del centro comercial. Isabel y su hijo iban por los pasillos de los juguetes sin rumbo, el niño delante marcando el camino y la madre detrás, con el uno objetivo de no perderlo de vista. Después de deambular Isabel compró algunas cosas, que encontró rápidamente en las estanterías a pesar de que habían pasado años desde la última vez que entró allí.

Había sido extraño caminar por la ciudad en la que había vivido cuando estudiaba, estaba todo más o menos igual, algunos bloques nuevos, pero pocos cambios. Ya en la caja vio una silueta de espaldas que le resultó familiar, aquella postura erguida, aquella gracia en los brazos y el cuello recto con pose de bailarina, no podían ser de otra persona, era Ana. Isabel sintió que su cuerpo dejó de pesarle, sintió la ingravidez de sus caderas y en sus piernas, tanto, que movió los pies para ver si el suelo seguía en su sitio. La recordó bailando sólo para ella, con sus zapatillas de ballet y el pelo en la cara, mirándola con sus ojos verdes y se estremeció. La examinó largo tiempo y, Ana sin saberse observada, miraba a ninguna parte embelesada. Cuando Ana comenzó a cambiar de postura, Isabel se giró rápidamente segura de no ser reconocida. Pagó la compra, recogió las bolsas, agarró al niño de la mano y salió precipitadamente hacia la calle.

Un vez en la puerta, el aire frío la despertó y buscó en el bolso un gorro para su hijo y su sombrero, ese que a su marido no le gustaba nada y que ella había comprado sabiendo que no era de su estilo, en realidad no combinaba con su ropa, pero cuando era estudiante siempre quiso comprase un sombrero así y nunca tuvo dinero para hacerlo, ahora podía comprarlo.

Un coche hizo sonar el claxon, era su marido esperando en la puerta, se dirigieron hacia el coche, subió en él y miró por la ventanilla. Vio a Ana alejarse y todo el peso del que se había librando un rato antes volvió sobre sus hombros, duplicado.

viernes 11 de diciembre de 2009

Elecciones


Ana llegó al centro comercial, con prisa para hacer una compra de última hora, a su novia se le había olvidado la salsa para la cena de navidad. El supermercado estaba atestado, localizó la salsa olvidada y se puso en la cola que le pareció más pequeña, aunque en realidad eran todas iguales de largas.

Mirando distraidamente mientras esperaba, la vio. Vio a su antigua amante, en la cola de al lado, y ella, no pareció percatarse de su presencia. La observó con detenimiento desde el anonimato del supermercado: tenía pelo corto, unas botas negras de altísimo tacón, llevaba puesta una camisa blanca y un abrigo negro entallado, de su hombro colgaba un bolso negro también y un niño con sus mismo ojos estaba a su lado, cogido de su mano. Una imagen del pasado vino a la mente de Ana, la recordó con su melena rizada, con la falda larga de chillones colores, con las muñecas llenas de sonoras pulseras y pensó ¿habré cambiando yo tanto?.

Volvió de su ensimismamiento cuando la cajera, le llamó la atención, pagó y recogió su compra, mirando hacia la cola contigua por si ella seguía allí, y vio como se marchaba. De forma inconsciente la siguió por los pasillos hasta la salida. Una vez en la puerta, ella abrió el bolso y sacó un gorro de lana para el niño y un sombrero guateado de cuadros con colores vivos, para ella. Ana pensó que después de todo, aquel sombrero era su pequeña rebelión en la vida en blanco y negro que había elegido.

jueves 10 de diciembre de 2009

Díez de diciembre

Es curiosa la vida. Hoy 10 de diciembre, es el día de los Derechos Humanos. Mi trabajo está muy relacionado con ésto, siempre he sido una mujer comprometida con mi trabajo, de hecho en muchas ocasiones he dicho que trabajaba en el mejor sitio del mundo. Ya no estoy tan segura. Miro a mi alrededor y veo la poca o nada buena voluntad, las pocas ganas de hacer la cosas bien, lo estridente que es ir, por ejemplo, por la ciudad en coche, con todo el mundo desquiciado y pitando o, pienso cuantas situaciones injustas hay cerca de mí y me desespero. Después poco a poco me calmo y pienso que es necesario trabajar para que las cosas cambien.








jueves 26 de noviembre de 2009

Un poema


Ultimamente estoy poco escritora, no sé no tengo ganas. Os dejo un poema de José Watanabe.



En la calle de las compras

En la calle de las compras
es admirable ver cómo las gentes van funcionando tan bien,
Caminan articulando tobillos, rodillas,
la cadenciosa coxofemoral
y cuantos goznes nos mantienen verticales y arrogantes.

(Tonterías que pienso
mientras mi mujer, algo abochornada,
compra la lencería que luce la maniquí, tan fija
en el estereotipo de hembra deseable.)

Mi mujer es bella, para decirlo sencillamente y mirándola
de frente: no río o fuente como se decía antes
sino carne esbelta
sostenida y elevada por sus huesos
que a veces, secreto y morboso, toco como si buscara
las formas que la van a sobrevivir.

Todos pasan, ya lo dije, perfectamente vertebrados,
pero el deseo que llevan, no tiene huesos
(la razón está llena de esqueletos). El deseo no tiene nada
pero quema todos los cuerpos.

La que viene, la que se alza allí, es mi mujer.

Ay amor, el deseo de nuestros cuerpos
jugará esta noche, como el de todos los amantes,
con la muerte y la disolución, y tanto
que después nos parecerá increíble tener todavía pies
para seguir caminando.


Eso me ocurre a mi en ocasiones, que parezco no tener pies, sino alas.

domingo 15 de noviembre de 2009

Las tribulaciones de una cacereña en Cáceres


Viernes por la tarde. Como algo rápido y salgo pitando de casa, tengo la que pasar la ITV, voy volando casi por la ciudad para llegar a tiempo, ya que gracias al Plan E, la ciudad está llena de obras y hoyos, vamos que conducir por ella es jugar a la oca, porque no sabes cúantas veces vas a tener que volver hacia atrás, o volver a la casilla de entrada, antes de llegar a tu destino. Llego al servicio de Inspección Técnica de Vehículos, tarde pero llego, me sitúo en la cola y me fijo en que soy la única mujer. Me pregunto si las mujeres no tienen coche, o yo no he coincido con ninguna, cuando me doy cuenta de que sí que alguna hay con su coche, pero le pasa a inspección algún hombre de su entorno próximo. Paso la ITV sin problema, mi cochecito, tiene una nueva pegatina.

Me voy corriendo a la farmacia, a comprar un jarabe para la tos, para mi pareja que está en la cama, con gripe, que no sabemos si es A, porque no hacen las pruebas a no ser que seas del algún grupo de riesgo, que creo que hay que ser de los GEOS para que te hagan la dichosa prueba. Aparco en zona azul, pero no tengo suelto, así que no pongo ticket. Entro en la farmacia y compro el jarabe, cuando voy saliendo se me escurre la bolsa de los dedos y termina en el suelo. El bote de cristal se ha roto, me giro de nuevo y le digo al farmacéutico que me de otro, y para pagarle le doy la tarjeta, ya no tengo mas dinero en efectivo, y me dice que no, que no me cobra cuatro euros con la tarjeta, que vaya a un cajero, le contesto que tengo mucha prisa, que tengo el coche mal aparcado y que me esperan en casa, pero ni por esas. Busco en mi monedero y le pago los cuatro euros en céntimos casi, mientra pienso que menuda forma de velar por la salud, que en cualquier bar, tiras una cerveza y te ponen otra, en fin.

Me voy de nuevo a buscar el coche y cuando llego el señor que pone las multas está al lado con libreta y boli en mano, me mira, sonríe y me dice "anda vete", le doy las gracias y me marcho.

Es que hay días que parece que todo va más rápido y más difícil que de costumbre.

miércoles 11 de noviembre de 2009

The Rainbow

Ya se me ha pasado el enfado.

Trabajo en educación, en una ONG y doy talleres en centros de primaria, a veces pasan cosas que son dignas de contarse: En el taller sobre derechos y deberes, que he dado hoy, una niña me dicho que en su opinión todos deberíamos tener derecho a la verdad y se ha quedado tan ancha, otro que en su opinión Obama hace muy bien en cerrar la cárcel de Azcaban (refiriéndose a Guantanamo) y otro, que todos deberíamos tener derecho a la felicidad.

Lo reconozco me ha encantado.

Os dejo una canción preciosa: