miércoles, 20 de junio de 2018

Y punto


Hace tiempo, en una conversación con una amiga, hablábamos de cómo se vive cuando tienes una pena planeando en tu cabeza. Más que eso: cuando tu pena te acompaña y no siempre está escondida y callada. Mi amiga decía: se vive con ella y punto, no la alimentes.

Ella dice que es así de sencillo y de difícil. De sobra se lo que le cuesta a ella mantenerla a raya, alejada de su corazón y de sus manos. Lo simplifica al explicarlo, pero no es nada simple.

Mi amiga, sabia, surfea por encima de su pena negra. Lo sé, la he visto hacerlo, valiente y decidida. Otras veces, se que la alcanza y no es una ola que capear, sino una tempestad. Hemos llorado juntas y nos hemos abrazado viendo venir esas olas que lo empapan todo.

Pero así es, a veces una playa tranquila y otras, un mar embravecido. Se vive con ella y, punto.



viernes, 11 de agosto de 2017

La vida en un poema


Hace tiempo viví en un poema y caminaba por sus rimas soleadas. Subía y bajaba por las letras, las conocía de memoria y ellas me conocían a mí. Me sentaba en el primer verso a ver la puesta de sol y me quedaba dormida con el ritmo de su rima asonante. Mi poema y yo eramos polvo enamorado, los días tenían música, todo salía bien, los besos sabían a chocolate y los dientes eran de perlas. 

Pero el amor de los poemas es efímero. Y aunque los días parecen infinitos, tuve que dejar de caminar por sus letras cuando empezaron a desdibujarse bajos mis pies. Me subí al último verso, salté con todas mis fuerzas y caí en el asfalto, olvidando poner las manos para amortiguar el golpe.







jueves, 22 de junio de 2017

El vestido

 Yolanda y su madre llegaron a la Iglesia puntuales, antes de que se llenase con los asistentes a las comuniones. Su madre una vez mas le dijo que tuviera cuidado con el vestido, que no lo manchase. Pero ella no dejaba de tocarlo, era suave y precioso, se sentía feliz.

Al avanzar por el pasillo central les salió al paso Carolina, la hija de la maestra del pueblo. Llevaba un vestido que sonaba al caminar  y que ocupaba casi todo el pasillo. Ladeando la cabeza y tocando el vestido de Yolanda le dijo:

- Madre mía que bonito es tu vestido !casi no parece que te lo ha hecho tu madre!.

La madre Carolina, que estaba al lado, palideció hasta quedarse del color gris de la pamela e hizo un movimiento rápido e incomodo: -¡Carolina! discúlpate enseguida, el vestido de tu amiga es precioso-.

Yolanda, recordó el día que su madre llegó con la tela de ciudad, como saltaron las dos en la cocina de alegría. Revivió los ratos que pasaron las dos dibujando el patrón, pensado y pensando en cómo serian las mangas. Revivió aquella  mañana de sábado cuando su madre había colgado el vestido en la lámpara del comedor al acabarlo y, en la emoción al verlo: precioso, blanco, con flores el cinturón y en las mangas un pequeño volante. Y volvió recordar como adoró a su madre por haber sabido hacer magia. 

Tomó la manos de Carolina con tristeza por ella y, le digo: -No tienes que disculparte, yo si que siento que tu madre no haya podido coserte uno y hayas tenido que comprarlo-. 





lunes, 22 de agosto de 2016

Las gafas de color lila

Yo estaba sentada en el suelo de salón, llorando. No la oí llegar, se puso a mi lado y me dijo " mamá no llores". Levanté la cabeza  y vi sus tres espléndidos años.
Me miraba a través de unas  gafas de color lila sin cristales. Ese día hacia calor y solo llevaba puestas unas braguitas azules -del revés- con la etiqueta por fuera  y  las chanclas -como siempre-  cambiadas de pie.

Volvió a decirme "No llores caiño", sin "r". Y olvidé el motivo de mi llanto.

jueves, 21 de abril de 2016

En la salud y la amistad


Fuimos amigos antes que pareja y compañeros y camaradas después, en el matrimonio.  La sinceridad era nuestro lema y siempre fuimos sinceros. Cuando dejé de estar enamorada se lo dije, con dolor pero con sinceridad: le quería pero había dejado de amarle. Seremos otra vez amigos, pensé. Se lo tomó mal, fatal. Se enfadó mucho y dijo cosas  horribles. Él siempre había sido de enfado rápido para después recapacitar, así que dejé que pasara algo de tiempo, se tranquilizaría.

"No hay divorcios amigables" -me dijo mi hermana- "prepárate para la guerra". No la creí, nosotros no seríamos así, siempre fuimos amigos.

El primer fin de semana que Nicolás pasó con su padre, estuve tranquila. Al ir a recogerlo me encontré con un seco "hola" al abrir la puerta y  a mi pequeño detrás de su padre, con el abrigo puesto y el pelo rapado al cero. Sus rizos grandes y rubios habían desaparecido. Tenía un aspecto desolado.

- Papá me ha cortado el pelo, tengo frío en las orejas. No me gusta.

Entonces caí en la cuenta. Mis piernas temblaron y mi corazón se detuvo un instante: habría guerra.

miércoles, 20 de abril de 2016

Agua


Ni la memoria va a olvidarse, ni el agua que fluye entre nosotras va a detenerse, ni el calor va a apagarse, ni la ternura traviesa se marchará esta noche...

martes, 5 de enero de 2016

Dulce navidad

No sé si me gustan la Navidad o no. 
Me ilusiono cuando llega, las luces, los regalos, las vacaciones, tanto buen próposito y tal... pero después poco a poco me voy deshinchando...encuentro algo extraño el rito en realidad.
¿Os gustan las navidades?