martes, 26 de mayo de 2009

La silla


Laura tenía ciertas peculiaridades desde que era niña, por ejemplo, tenía dolores de cabeza frecuentes, instantáneos y fugaces, que aparecían cuando algo le disgustaba, para desaparecer cuando el disgusto se iba; a menudo pensaba: —si puedo correr hasta aquel poste, no pasará nada malo, si el próximo anuncio es de juguetes, no pasará nada malo, si la próxima matricula es par, no pasará nada malo— rareza que mantenía de adulta.

Esa mañana le dolía la cabeza desde hacia rato, intentaba montar una silla de oficina y ningún compañero sabía como hacerlo. Leía y releía las instrucciones con detenimiento, descifrando los misterios del montaje: los tornillos se resistían, unos más largos que otros, el respaldo no encajaba, había demasiadas piezas y ella de rodillas frente a aquel montón de hierros y plásticos, necesitaba montar perfectamente la dichosa silla, para que todo fuese bien.

Con mucho esfuerzo y trabajo, la silla quedó perfecta, Laura se sentó en ella, alisándose la falda con la mano, colocó los folios que había encima de la mesa y comenzó a teclear en el ordenador, pensado con tranquilidad: no pasará nada malo— y dejó de dolerle la cabeza.

Pasado un rato, notó como se le clavaban los tornillos del asiento, y entendió cual era la diferencia entre los tornillos largos y los cortos, comenzó a asustarse pensado que sí iba a ocurrirle algo malo y al punto…. comenzó a dolerle la cabeza.


martes, 19 de mayo de 2009

Versiones 3

Últimamente estoy algo ocupada y no tengo tiempo de casi nada y, es precisamente ahora cuando tengo muchas ganas de escribir.

Hoy os propongo dos versiones de una canción inigualable, Hallelujah de Leonard Cohen, pero no es esa la versión que me gustaría presentar, sino la versión de la italiana Elisa, una mujer con una voz magnifica y la otra del peculiar Jeff Buckley, ese pobre hombre que se ahogó solo en un río, que muerte mas tonta.


Disfrutad:








jueves, 14 de mayo de 2009

El cine y los días

Siempre he tenido una relación íntima, intimista diría yo, con el cine. Recuerdo de memoria quien dirige la película, a actores y actrices, la banda sonora y la circunstancia en la que la vi, el que momento de mi vida, si fue en casa, si fui sola al cine, o con quién. Recuerdo que El padrino, la vi sola en el primer piso en el que viví después de ser estudiante y con ella estrené mi vídeo, un VHS que me regalaron por mi cumpleaños y que me causó una emoción indescriptible. Cosas que nunca te dije, fui a verla a un aula de cultura, con dos compañeras de piso, la noche del día de los enamorados, después me enamoré de una de ellas —ironías de la vida—. The Priest, la vi una noche que hice de canguro de una mis primas, que era un bebé todavía y que ahora es casi tan alta como yo. Las amistades peligrosas, fue en el instituto, al lado de una amiga —peligrosa por cierto— que me quitaba el sueño.

He recordado todo esto, porque el lunes en la biblioteca, estuve viendo Balzac y la costurera china —en realidad, ya la había visto, pero no me importó repetir— una película con una fotografía impresionante y con guión bastante bueno. Al volver a casa, fui por el camino mas largo deleitándome en la película que acaba de ver, recordando la vez anterior en la que la había visto y en como ha cambiado mi vida desde entonces, en aquel momento mi vida —como la de la costurera— parecía ser como el último escalón de una escalera empinada, y al ver como se terminaban los escalones, decidí saltar —con miedo, pero salté— y caí de pie.

Y ahora hay por ahí una película que no he visto, pero que me trae muy buenos recuerdos, supongo que será por los intentos fallidos, porque cada vez que he intentado ir a verla, me ha surgido un plan mejor.

lunes, 11 de mayo de 2009

Pollo a la carta


Hoy me he levantado un poco triste, no sé si la lluvia o algunas cosas de mi vida que están un poco así, como descolocadas.
Una compañera de trabajo me ha enviado esto, pinchad en el enlace y aparece un corto, es triste, hace pensar sobre algunas cosas.


http://www.cultureunplugged.com/play/1081/Chicken-a-la-Carte

jueves, 7 de mayo de 2009

Llego tarde a todas partes.

Siempre he sido muy puntual, mucho, pero últimamente llego tarde a todas partes, voy corriendo a todos sitios con el bolso, los libros, etc. y no llego a tiempo a ninguno, ni al trabajo, no soy capaz de llegar antes de las ocho y diez, en fin...

Me di cuenta de que me ocurría esto una tarde -de las primeras que nos veíamos mi niña y yo- en la había quedado con mi hermana y la tuve esperando una hora, si ¡una hora! eso fue el preludio de lo que vino después.

Desde hace unos meses, apuro los minutos y los segundos, esa es la razón de todo. Antes, me levantaba de la cama de un salto y ahora me doy la vuelta y me acurruco. Hoy ha sonado el despertador y he hecho un esfuerzo enorme por levantarme enseguida y lo he logrado, me he duchado y desayunado a una velocidad insoportable a esa hora de la mañana y he vuelto para despedirme. He entrado en la habitación, ya era de día completamente, le he dado un beso rápido por que llegaba tarde y, al acercarme he visto como las sabanas estaban marcadas en su pecho como un mapa, con un montón de direcciones que seguir...