martes, 26 de mayo de 2009

La silla


Laura tenía ciertas peculiaridades desde que era niña, por ejemplo, tenía dolores de cabeza frecuentes, instantáneos y fugaces, que aparecían cuando algo le disgustaba, para desaparecer cuando el disgusto se iba; a menudo pensaba: —si puedo correr hasta aquel poste, no pasará nada malo, si el próximo anuncio es de juguetes, no pasará nada malo, si la próxima matricula es par, no pasará nada malo— rareza que mantenía de adulta.

Esa mañana le dolía la cabeza desde hacia rato, intentaba montar una silla de oficina y ningún compañero sabía como hacerlo. Leía y releía las instrucciones con detenimiento, descifrando los misterios del montaje: los tornillos se resistían, unos más largos que otros, el respaldo no encajaba, había demasiadas piezas y ella de rodillas frente a aquel montón de hierros y plásticos, necesitaba montar perfectamente la dichosa silla, para que todo fuese bien.

Con mucho esfuerzo y trabajo, la silla quedó perfecta, Laura se sentó en ella, alisándose la falda con la mano, colocó los folios que había encima de la mesa y comenzó a teclear en el ordenador, pensado con tranquilidad: no pasará nada malo— y dejó de dolerle la cabeza.

Pasado un rato, notó como se le clavaban los tornillos del asiento, y entendió cual era la diferencia entre los tornillos largos y los cortos, comenzó a asustarse pensado que sí iba a ocurrirle algo malo y al punto…. comenzó a dolerle la cabeza.


12 comentarios:

  1. mae mía, cómo andan las cabezas humanas...
    es un relato realmente brillante
    muchos besos!!!

    ResponderEliminar
  2. Me siento tan identificada con ella.....tanto por los dolores de cabeza como por su obsesión compulsiva....
    PD: llevaba unos cuantos días esperando a que escribieses algo nuevo!!! Gracias

    ResponderEliminar
  3. jo me encanta, más cosas de Laura por favor..., me parece bestial este personaje.besos

    ResponderEliminar
  4. No he podido recordar, en cierto modo, la figura de Amelie Poulin.
    Buen relato.

    ResponderEliminar
  5. Genial, has descrito a cierto tipo de personas.

    ResponderEliminar
  6. toa: Brillante?. Gracias de verdad.

    jei: Que daño es verdad, pero a ver la vida....

    paula: Estabas esperando? que ilusión paulita, gracias. Para cuando un blog tuyo?.

    zapatos rojos: No lo había pensado, pero quizá profundice más, gracias guapa.

    Raúl: Me abrumas con una comparación tan buena, gracias.

    dintel: Si verdad? intentaba describir a alguien, un poco maniatico, me alegra que se haya comprendido bien. No sé si comenté tu ultima entrada, me pareció preciosa, un beso.

    ResponderEliminar
  7. Qué texto más bonito, y eso que hay quien no te animó mucho al principio...a mí siempre me encantaron y siguen gustándome. Enhorabuena.

    ResponderEliminar
  8. ay gracias guapa, siempre dando ánimos, eres un sol. un beso

    ResponderEliminar
  9. Pinche silla traidora...

    Hay de sillas a sillas, señoras y señores. Incluyendo una silla que una vez lei (en cuentos, obviamente) mataba a aquel que se sentaba sobre ella. Convendria tener una sillita de esas para aquellas visitas non gratas ;)

    Un saludo, mujer :)

    -L.

    ResponderEliminar
  10. Chiqui (nótese la ironía) date calor que otras te van adelantando por la izquierda…

    ¿Para cuando un cross-over? Pa mi que Laura tiene que irse a una casa rural a olvidarse de todo.

    ResponderEliminar
  11. Wuigi: hay sillas con vida propia, gracias por pasarte por aqui.

    Andrés: Es mu dura la vida de una mujer de casi 1,90 en fin...
    Seguramente tenga que irse a un casita rural, voy a ver, voy a ver. Un beso

    ResponderEliminar