viernes, 31 de julio de 2009

Me voy de vacaciones


Me voy de vacaciones, merecidas, ha sido un año intenso laboralmente.
Estoy contenta, muy contenta en realidad, tengo mucho bueno a mi alrededor y estoy agradecida por ello. Os dejo una canción de macaco, con la que no puedo estar más de acuerdo:

por donde se inclina el corazón, el pie camina

un besino a todas y todos los que participais en el blog, pero dos en especial, uno a Lunesdesol, que se lo daré este finde cuando la vea, y otro a Alex. B, que no la conozco personalmente pero me apetece.

Ciao


martes, 28 de julio de 2009

Sofía y Maite

Hoy me atrevo con un historia, que prentende ser de miedo, ya me de decís que os parece.

Sofía llevaba dos días en su nueva casa y estaba encantada, era la mejor mudanza que había hecho, se decía. Una casa grande, de dos plantas en el centro de la ciudad, en la zona mas antigua eso sí, pero era una casa preciosa. El camión de la mudanza había llegado la tarde antes, habían montado los muebles, pero todo lo demás estaba repartido, en cajas sin ningún orden.
El móvil comenzó a sonar, era su hermana Maite:
— Hola guapa.
— Hola.
— Mañana a las nueve estoy allí.
— Vale, sé puntual.
— Que si.
— ¿Si? No me digas—dijo Sofía sonriendo.
— Bueno, lo intento.

Maite y Sofía eran buenas amigas desde niñas, siendo gemelas habían tenido una infancia muy divertida. Eran tan iguales, que daba la sensación de ver una y su reflejo en un espejo. Hasta que fueron adolescentes, intercambiaban los papeles, cuando en realidad, eran idénticas no sólo físicamente, tenían gustos parecidos en multitud cosas, las dos eran despiertas, alegres e igual de sociables, con lo cual era una tarea difícil distinguirlas si no querían ser distinguidas. De adultas vivían las dos en la misma ciudad, estrechando ese lazo de hermanas aún más.

Sofía, termino de cenar después de la llamada de su hermana y se fue a dormir, pensando en el largo día que le esperaba. A la mañana siguiente, estaba en la cocina preparando café, cuando el timbre de la puerta anunció la llegada de alguien, echo un vistazo al reloj comprobando que eran las nueve en punto, sorprendida abrió la puerta.
— No puedo creerlo que puntualidad.
— Si, bueno...

Tomó a su idéntica figura del brazo, y la llevó a la cocina.
— ¿Quieres un café?
— Sí—contestó su reflejo.
Preparó dos tazas de café, sin preguntar cómo, con la certeza con la que se le prepara el café alguien que conoces bien.
— ¿Esa camisa es nueva no?—dijo Sofía.
— Sí, si lo es.
— Que arreglada has venido, para colocar armarios.
— Es posible.
— Seguro que tengo alguna camiseta por ahí—Sofía notó que su hermana estaba algo distraída— ¿Estás bien?
— Si, ¿por qué?.
— No sé, estás muy callada.

En ese instante, el móvil comenzó a sonar a lo lejos, Sofía fue a buscarlo al salón, dentro del bolso, al cogerlo comprobó que quien llamaba era Maite y sonrío pensado en las bromas de su hermana, que la había hecho salir de la cocina para nada.
— Dime—dijo sonriendo.
— Oye Sofi –sólo su hermana la llamaba Sofi— que me he quedado dormida, pero ya voy.
— ¿Cómo que te has quedado dormida?—dijo mirando a la cocina.
— Sí. Lo siento de verdad, soy lo peor, pero estoy saliendo de casa—era cierto, pudo escuchar el golpe de la puerta de su casa al cerrar—En media hora estoy allí, no te enfades anda…

viernes, 24 de julio de 2009

Tengo una pregunta ...

Una pregunta me ronda la cabeza estos días, ¿por qué somos infieles?, y al hilo de ésta me surge otra claro ¿cómo a podemos hacerlo?.

Cada vez creo que es mas cierta, la frase de García Márquez:
El corazón tiene más cuartos que una casa de putas.

A ver, contadme vuestras respuestas.

Buen finde

jueves, 23 de julio de 2009

Mini de clave de Sol


A la plancha


Me preguntaron cómo fui capaz de asestarle ese golpe con la percha en la cabeza. No lo sé, no puedo acordarme bien. Recuerdo que estaba planchándole la camisa. Me dijo que por qué había llegado tan tarde y le expliqué que había estado en el dentista. Decía que el dentista se podría haber dejado para otro día, que la casa estaba por hacer y la loza por fregar y encima la camisa, lo más importante, su camisa, sin planchar. Intenté que le quedara bien, pero lo hice apresuradamente, y la plancha soltó más vapor que calor. Olvidé limpiarla por dentro...saltaron gotas de color marrón oscuro. Había manchado la camisa. Se acercó y me preguntó que si ya me había gastado el billete de veinte euros que me había dado por la mañana. Le dije que no, que el dentista era de la seguridad social, que las patatas me las había dado mi madre para comer y que los niños estaban donde la Luisa viendo la tele. No habíamos gastado nada.El billete estaba intacto. Llevé la camisa manchada al armario ropero y la cambié por otra, esperando que no se diera cuenta, pero me seguía lanzando sus reproches sin parar... y me vio.Yo también vi su rostro enfurecido mirando fijamente la mancha marrón de la pechera de su camisa. No recuerdo nada más. Sólo que cogí la percha y le di de lleno en la cabeza. Vi la sangre sobre sus ojos. No más. Hacía mucho calor y olía a quemado. Me había dejado la plancha enchufada.


miércoles, 15 de julio de 2009

Mini de Lunesdesol


Nadie se fijó en ella cuando llegó como un torbellino a la consulta del dentista. Hacia un frío infernal ese invierno, por lo que dejar toda su envoltura de cebolla en la percha de la sala de espera, resultó todo un ritual, gorro, abrigo, bufanda, guantes....Una vez concluido se acercó para hablar con la chica de recepción y se sentó a esperar. Sin poder concentrarse en las insulsas revistas que había encima de aquella horripilante mesa frente a ella, decidió curiosear en su bolso. Mil cosas innecesarias, como siempre, entre ellas, los billetes del viaje a Berlín que jamás haría con Fernando....
- ¿Alicia Desol?
- Me tocó.

lunes, 13 de julio de 2009

Mini de Alex. B.

Cogió con cierta parsimonia la bata blanca que colgaba de la percha. Se quitó cuidadosamente la chaqueta y la colgó en su lugar.

Si todo salía bien hoy seria su último día de trabajo. Le esperaba un billete de tren que le llevaría, por fin lejos de allí.

Recordaba todos los años felices en los que sus pacientes habían sido los niños, aunque daba gracias de que ahora no lo fueran.

Tomó su instrumental y se acercó a la mujer que le esperaba en el sillón, abriendo la boca, con una mirada entre suplicante y aterrada.

Ya no se le encogía el estómago, ni tenía insomnio. Ya ni se avergonzaba ni pensaba en nada que le impidiese hacer su trabajo de forma profesional, casi mecánicamente. Durante los últimos meses lo había hecho miles de veces.

Las extrajo limpiamente. Las tres piezas de oro, que cayeron en la disolución de alcohol, dentro del tarro de cristal, junto a otras muchas similares.

Aquí le llamaban Her Doctor, el dentista. Su nombre verdadero era un gran secreto oculto bajo el capricho de la genética que le hizo nacer casi albino.

No está bien visto llamarse Cohen en Auswiztch.

viernes, 10 de julio de 2009

Mini de Malena


Dentista, percha, billete

El telefonillo, sonó un par de veces, estridente, retumbando en las paredes blancas, sin cuadros ni fotos. Laura se sobresaltó y el bolso se le cayó de las manos —esto es una señal — pensó cuando vio todas sus cosas en medio del salón, vacío de muebles y lleno de cajas de cartón con los nombres de su contenido: libros, mantas, ropa de invierno.

— Es la última mudanza que hago— se dijo, había cambiado de piso mil veces, ya no recordaba en cuantas ocasiones había cambiado de ciudad y de barrio. Volvió a sonar el telefonillo:

— Ya voy—dijo

— Laura coño, ¡que estoy en doble fila!

— Si, si, si, ya voy— dijo pensando que no le había gustado el tono de Víctor y que eso era otra señal.

Había llegado una hora antes, para recoger las últimas cosas y quedar todo preparado para la empresa de mudanzas. Se mudaba a casa de Víctor.

Estando despidiéndose de la casa cuando recordó que no sabía donde estaban los pendientes que le había regalado su hermana, comenzó a abrir cajas, al principio tranquilamente, después con nerviosismo, para pasar a la histeria. No los encontró, sin embargo, si encontró la perchas de madera que tanto había buscado, la cita del dentista apuntada en una servilleta, el billete de avión del viaje a Londres y cuando miró a su alrededor, comprobó con horror que todo estaba fuera de las cajas, todo esparcido por el salón y las habitaciones y, no tuvo dudas, eso era otra señal.

El timbre sonó de nuevo, esta vez no estridente, sino casi gritando, Laura se levantó sacudiéndose las rodillas y descolgó el auricular.

— Víctor que no me voy.

— ¿Eh?

— Eso, que te vayas sin mí, que no me mudo.

— ¿Pero que dices?, no me jodas, abre anda.

— No.

— Laura… baja, no me hagas subir.

— Que no, vete.

Colgó el auricular y, se fue a la terraza. Iba por la mitad del cigarro cuando, el timbre de la entrada berreaba su nombre, cerró la puerta para no oírlo y se concentró en el sonido de lo coches al pasar.


Mini de Toatoa

Llegó el día

Aquella mañana Martín tenía cita en la clínica DENTISTA. Apenas pudo dormir de los nervios, así es que a las siete y media saltó de la cama, se duchó con suma delicadeza, eligió detenidamente la camisa y los pantalones que vestiría y descolgó de una PERCHA del armario su mejor chaqueta. Después, tomó un desayuno ligero y salió disparado de su casa en dirección al quiosco, con la intención de adquirir el diario matutino que pudiera distraer sus pensamientos del lugar hacia donde le conducían ahora sus pasos. Minutos más tarde, ya estaba frente a la puerta de la consulta. Un sudor frío recorrió su rostro, pero intentó calmarse, pulsando el timbre y esperando para entrar.
Media hora más tarde, salió de aquel lugar incluso más nervioso que antes, con un temblor incesante en la mano derecha, donde sostenía el BILLETE que aquella maravillosa mujer, aquella auxiliar odontóloga dueña de cada uno de sus pensamientos, le había devuelto tras pagar la limpieza dental. Hasta dentro de medio año no tendría la siguiente revisión, así es que no le quedaba otra que esperar hasta ese día para volver a intentar lo que hoy no pudo hacer: pedirle una cita, pero de las de verdad.

2º Convocatoria de Minis.

Después de varios post reivindicativos (que es lo mío), os propongo otra idea para escribir, un mini que contenga estas tres palabras:

PERCHA

BILLETE

DENTISTA

En el orden que mas os guste, como unas 100 o 150 palabras, si es más no pasa nada, pero tampoco una novela ¡eh!, me la enviáis al correo, está en el inicio o al que tengáis, me da igual.

Espero que el calor os deje escribir.
¡Mayo espero tu mini!.

martes, 7 de julio de 2009

Orgullo 2009


El sábado estuve en la manifestación del Orgullo en Madrid, por primera vez.

Tanta gente, tan orgullosa y sin avergonzarse de lo que es y lo que siente, emociona. En la cabecera de la manifestación, cantando a quien le importa lo que yo haga me emocioné de nuevo. Me entusiasmó sentirme parte de aquella marea humana que estaba tan contenta.

La manifestación fue genial, me gustó mucho ver a un grupo que llevaba unas camisetas con el lema orgullo de familia acompañados de sus hijos e hijas y al grupo que iban a ritmo de tambores y a Triángulo Extremadura, que me hizo una ilusión verlos, y a Amnistía Internacional, que iba con pancartas diciendo que en muchos países los gays van a la cárcel.

Leí por ahí que en el desfile había un millón de personas y que la mitad no eran gays, lo cierto es que desde la puerta de Alcalá hasta donde alcanzaba la vista era un mar de gente con banderas de colores. Me llamó la atención un hombre mayor que repartía pancartas gratis, yo cogí una, “España laica” decía.

Estuve emocionada toda la manifestación, pensado en muchas cosas a la vez, mientras bailaba: en la gente que ha estado en la cárcel, en los que viven en el armario, en mi misma con 18 años y mi particular calvario –como el de mucha gente–, en las personas valientes, que gracias a ellas estamos todos y todas en la calle celebrándonos. Tanta música, tantos colores, tanta gente besándose, lesbianas de quince años y gays de setenta, todos en la calle, me encantó.

Y después de vuelta cada uno a su casa, y muchos al trabajo donde no saben que eres gay, a tu familia que la mitad no sabe que eres lesbiana, a tu pueblo donde eres el marica oficial, al médico que te pregunta si quieres hacerte la prueba del SIDA cuando le dices que eres homosexual. Sigo pensado en lo necesario de la celebración de ese día, sigo pensando en cuanta razón tiene Alaska:

!a quien le importa lo que yo haga!


viernes, 3 de julio de 2009

Por cuatro esquinitas de nada

El fin de semana pasado fui a la celebración del orgullo en Badajoz y éste me voy a madrid, de hecho en un rato, ains que ganas tengo.

Os dejo un vídeo, un poco infantil pero que dice mucho, me sale la vena de educadora social.

Feliz orgullo a todas y todos.