lunes, 13 de julio de 2009

Mini de Alex. B.

Cogió con cierta parsimonia la bata blanca que colgaba de la percha. Se quitó cuidadosamente la chaqueta y la colgó en su lugar.

Si todo salía bien hoy seria su último día de trabajo. Le esperaba un billete de tren que le llevaría, por fin lejos de allí.

Recordaba todos los años felices en los que sus pacientes habían sido los niños, aunque daba gracias de que ahora no lo fueran.

Tomó su instrumental y se acercó a la mujer que le esperaba en el sillón, abriendo la boca, con una mirada entre suplicante y aterrada.

Ya no se le encogía el estómago, ni tenía insomnio. Ya ni se avergonzaba ni pensaba en nada que le impidiese hacer su trabajo de forma profesional, casi mecánicamente. Durante los últimos meses lo había hecho miles de veces.

Las extrajo limpiamente. Las tres piezas de oro, que cayeron en la disolución de alcohol, dentro del tarro de cristal, junto a otras muchas similares.

Aquí le llamaban Her Doctor, el dentista. Su nombre verdadero era un gran secreto oculto bajo el capricho de la genética que le hizo nacer casi albino.

No está bien visto llamarse Cohen en Auswiztch.

7 comentarios:

  1. que secreto para tener guardado!
    que buena la mini Alex. B. ¿Cómo puede una persona transformarse en hielo?

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  2. ¡Qué bueno! Me gusta mucho, muy original,las tres palabras se ocultan con gran naturalidad.

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  3. Siempre será aterrador leer "Auswiztch" en cualquier sitio...
    Muy intenso.

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  4. Un final sorprendente para este relato breve tan bien escrito y planteado. Me ha gustado mucho. Volveré a seguir leyéndote y para ello me agrego como seguidora de tu blog, Malena. Un besote

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  5. gracias dalia negra, volveré a leerte. un saludo

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  6. Gran breve relato, de verdad.... y buena página. Saludos cordiales

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  7. Ufff...qué angustia, un dentista y Auswiztch es siempre terrible. Muy bueno.

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