martes, 31 de mayo de 2011

Un consejo que me dieron una vez...

Fíate de lo que sabes y no de lo que ves.

viernes, 27 de mayo de 2011

Esto es normal, ¿no?

España ha estado en período de elecciones, ahora estamos todo/as con resaca, pero yo sigo con mi período opositor, que aunque en un principio pensara que no me iba a afectar, me afecta. 

Ahora me pregunto cosas como ¿qué hacia yo antes de estudiar con mi tiempo libre?, no puedo ver una película entera sin sentirme culpable (por que debería estar estudiando), o me da por pensar cosas tan raras como que todo el mundo debería opositar, o que la Constitución Española es interesante.

Lo siento por mi pareja, que sufre esto en silencio y por mis amigas que me escuchan los agobios y las ganas de llorar con paciencia y cariño, pero digo yo que esto es normal, ¿no?

Además parece que las editoriales se han puesto de acuerdo para publicar libros que tengo ganas de leer, parece que hay más conciertos que nunca en mi ciudad y tengo más ganas de estar en la calle que cuando tenía quince años, esto es normal, ¿no?

Me veo plastificando los apuntes, para poder llevarmelos a la piscina, o estudiando por la noche para no morir de calor este verano, incluso he pensado comerme algún folío a ver si así, consigo aprenderme la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, pero vamos que yo creo que esto es normal, ¿no?


miércoles, 4 de mayo de 2011

Una mañana cualquiera

Os voy a contar el periplo que supone hacerse una analítica en el hospital de mi ciudad:

El horario es de 8 a 10 de la mañana, pero yo como soy así llego a las 7.40 pensando en ser la primera y llegar pronto al trabajo. Pero no, había como unas quince personas allí esperando que abrieran la ventanilla y conectaran la máquina que expende los números. Nada más verme una señora me suelta "tienes que pedir la vez", así que yo teniendo un flashback  de cuando iba al médico de niña con mi madre, pregunto en alto "¿quién es el último?" y me responde tímidamente una señora rubia.

A las 8.00 en punto, la máquinita que da los número se pone a pitar y la gente que estaba esperando (después de mí llegó mucha gente más) se avalancha sobre ella como si en lugar de dar ticket fueran billetes de 500. Comienzan las primera riñas (!claro que sí, no estás una allí esperando la vez para coger número, para nada!). En fin, cojo el número y tengo que hacer otra cola, para que me den unas pegatinas de colores . En este momento de la mañana habrá como 150 personas ya haciendo cola, con lo que esto supone, empujones, gente que se cuela, en fin... Después de 15 minutos de cola  (por que los auxiliares que se  tienen que abrir la vetanilla, está charlando tranquilamente con los compañeros y compañeras, mientras la fila va engordando, aunque este hecho no parece precuparles), llega mi turno y se estropea al ordenador!!!. Llaman al informático y la situación es más o menos así: el informático sentado en el pc hablando por teléfono, la señora rubia que le ha cecido le sitio al el informático, le explica a su compañero que aunque el volante de la chica embarazada ponga que le hagan la prueba del 100 de azúcar, que él ponga 75, que sino el pc no va, y que total, es lo mismo.

Después de esta cola, hago otra para que me entreguen los botes y otras pegatinas (éstas ya sin colores).  La señora que da los botes te llama a grito pelao, por tu nombre y apellidos, y te pregunta en el mismo tono si has firmado el consentimiento de la prueba de VIH, o la prueba que vayas a hacerte, y en ese momento te acuerdas de la ley de protección de datos y de la intimidad. A estas alturas os preguntareis ¿para qué necesito número? yo también me hice esa pregunta sinceramente. Después de un rato, gritaran mi nombre,  me dan los botes, las otras pegatinas (la feas) y me siento.

Sobre las 8.40 comienzan a parpadear los primeros número en una pantalla, y adivinas que para eso sirve tu número para poder pasar al "otro lado" y que una ATS te extraiga tu sangre, si te queda algo después de estar una hora de pie.

A esta hora, habría allí como 200 personas no exagero, todas apelotonotadas haciendo cola, otras vagando sin rumbo preguntando: para qué eran las colas, qué cuantas colas habría, que eso era un toreo,  también había algún anciano desorientado y mucho buen samaritano explicando el recorrido-peregrinación de las colas.

Por fin aparece mi número y entro, y al sentarme me voy desabrochando el botón de la manga de la camisa, cuando me dice el ATS "hay que venir preparada", a lo que contesto "Creeme, tengo yo más prisa que tú".

lunes, 2 de mayo de 2011

En propiedad

A veces creo que hay lugares o ciudades que son de alguien, al menos en mi mundo. Eso pensaba ayer mientras paseaba por la feria del libro de mi ciudad, pensaba si alguien creerá que la ciudad en la que vivo es mía, de cierta manera. 

Por ejemplo: Para mí Valencia es de mi amiga A., no podría pasear por ella sin esperar encontrármela.
Córdoba es de una ex, a la que preferiría no encontrarme, pero es suya sin duda.
Las escaleras de mármol de la calle Cánovas, son mías también. O al menos lo fueron, cuando yo tenía 23 y las tuve en propiedad durante mucho tiempo. Ahora hay una rampa, pero bueno cuando paso me veo sentada, con la ilusión que me embargaba en el aquel momento y me gusta verme sonreír.

Y por supuesto, Salamanca es nuestra.