jueves, 21 de abril de 2016

En la salud y la amistad


Fuimos amigos antes que pareja y compañeros y camaradas después, en el matrimonio.  La sinceridad era nuestro lema y siempre fuimos sinceros. Cuando dejé de estar enamorada se lo dije, con dolor pero con sinceridad: le quería pero había dejado de amarle. Seremos otra vez amigos, pensé. Se lo tomó mal, fatal. Se enfadó mucho y dijo cosas  horribles. Él siempre había sido de enfado rápido para después recapacitar, así que dejé que pasara algo de tiempo, se tranquilizaría.

"No hay divorcios amigables" -me dijo mi hermana- "prepárate para la guerra". No la creí, nosotros no seríamos así, siempre fuimos amigos.

El primer fin de semana que Nicolás pasó con su padre, estuve tranquila. Al ir a recogerlo me encontré con un seco "hola" al abrir la puerta y  a mi pequeño detrás de su padre, con el abrigo puesto y el pelo rapado al cero. Sus rizos grandes y rubios habían desaparecido. Tenía un aspecto desolado.

- Papá me ha cortado el pelo, tengo frío en las orejas. No me gusta.

Entonces caí en la cuenta. Mis piernas temblaron y mi corazón se detuvo un instante: habría guerra.

2 comentarios: