jueves, 22 de junio de 2017

El vestido

 Yolanda y su madre llegaron a la Iglesia puntuales, antes de que se llenase con los asistentes a las comuniones. Su madre una vez mas le dijo que tuviera cuidado con el vestido, que no lo manchase. Pero ella no dejaba de tocarlo, era suave y precioso, se sentía feliz.

Al avanzar por el pasillo central les salió al paso Carolina, la hija de la maestra del pueblo. Llevaba un vestido que sonaba al caminar  y que ocupaba casi todo el pasillo. Ladeando la cabeza y tocando el vestido de Yolanda le dijo:

- Madre mía que bonito es tu vestido !casi no parece que te lo ha hecho tu madre!.

La madre Carolina, que estaba al lado, palideció hasta quedarse del color gris de la pamela e hizo un movimiento rápido e incomodo: -¡Carolina! discúlpate enseguida, el vestido de tu amiga es precioso-.

Yolanda, recordó el día que su madre llegó con la tela de ciudad, como saltaron las dos en la cocina de alegría. Revivió los ratos que pasaron las dos dibujando el patrón, pensado y pensando en cómo serian las mangas. Revivió aquella  mañana de sábado cuando su madre había colgado el vestido en la lámpara del comedor al acabarlo y, en la emoción al verlo: precioso, blanco, con flores el cinturón y en las mangas un pequeño volante. Y volvió recordar como adoró a su madre por haber sabido hacer magia. 

Tomó la manos de Carolina con tristeza por ella y, le digo: -No tienes que disculparte, yo si que siento que tu madre no haya podido coserte uno y hayas tenido que comprarlo-.